viernes, 27 de abril de 2012

TITULARES #11 ABRIL 2012

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El proyecto arquitectónico, fuente de conocimiento e instrumento de investigación

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PROBLEMATIZAR Y REFLEXIONAR SOBRE EL PROYECTO ARQUITECTÓNICO como un proceso de investigación reflexivo, interpretativo, comprensivo, complejo, crítico y dialógico, requiere de una aproximación que no sólo posibilite el ejercicio de libertad creadora y el manejo de habilidades y destrezas dirigidas a un hacer, sino también que dé cuenta del pensamiento que hay, en todo momento, detrás de lo que se hace. Por qué, para qué, cómo se hace y, especialmente, cómo se explica y comunica a otros lo que se hace, como oportunidad de producir conocimiento sistemático y confiable que retroalimente la actividad docente, profesional y nutra el acervo teórico de la disciplina arquitectónica. 
    La actividad de investigación que proponemos desde el campo académico con el objeto de producir conocimiento durante la práctica del proyecto arquitectónico, reconoce la condición compleja e híbrida de la Arquitectura como ciencia humana, científica y artística, física y social a la vez. 
    Asimismo, reconoce a la Arquitectura como una disciplina práctica, por lo que al hablar de conocimiento en esta área nos referimos a un saber teórico orientado a la práctica, que para generar conocimiento a partir del ejercicio proyectual debemos poder pasar de la teoría a la práctica y viceversa. “La transmisión de esta ciencia arquitectónica exige saber, además de virtuosidad, es decir, que para enseñar a otro Arquitectura no es suficiente hacer bien arquitectura, hay que saber por qué se hace bien; para enseñar proyectos no es suficiente proyectar bien, sino saber por qué una forma de proyectar es mejor que otra” (Muntañola, 2011, p. 5). 
    Esta aproximación a la investigación nos exige “revelar” la simultaneidad entre el hacer y el pensar inherente a toda proyectación arquitectónica, haciendo explícitos aquellos supuestos, compromisos teóricos, referentes, procedimientos o caminos transitados a lo largo de un determinado proceso proyectual, con el fin de poner en evidencia el saber que se ha logrado producir a través de la experiencia proyectual, y que ello adicionalmente redunde en la posibilidad de contrastar, validar entre pares y con otros saberes y campos de conocimiento relacionados, aquellos contenidos teóricos que fundamentan la práctica y la visión del mundo y de la disciplina que le subyacen. 
    Consideramos que esta aproximación investigadora es campo fértil y fuente de riqueza indispensable en la actividad académica que desempeña el proyectista / docente.

Nota de la imagen:
La Casa Positivista y la Villa Harpel de Jacques Tati 
“El espacio ha quedado cuantificado, transformado en producto de la disección del movimiento, de la geometría y la matemática. El espacio apenas existe como tal: será entendido como la res extensa de Descartes en la que se despliega la visibilidad de una familia igualitaria, eficiente, saludable, trabajadora…Todo lo que implica el espacio deriva en moralismo: su transparencia es represiva, vinculable directamente a la diafanidad y visibilidad pública del Panopticón de Jeremías Bentham. No queda en la casa lugar ni rincón, para la desviación, para el aislamiento o el gozo. El espacio fluido de la modernidad positivista está asociado a la vigilancia, implica una total vinculación de la cuestión del espacio a una finalidad edificante…en el espacio moderno lo privado se expone, lo doméstico se anula, lo íntimo se castiga”. 

De: Ábalos, Iñaki. (2000). La Buena Vida. Barcelona: GG.
Capítulo: La máquina de habitar de Jacques Tati: la casa positivista 
Imagen de la escenografía de la Villa Harpel, de la película de Jacques Tati "Mon Oncle", 1958. Seleccionado por el arquitecto Martín Lisnovsky

Papel Literario del sábado 14 de abril

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Cortesía de Papel Literariodel diario El Nacional

EN ESTA EDICIÓN ENCONTRARÁ UN TEXTO de Graziano Gasparini sobre el Mausoleo del Libertador del Panteón Nacional; Àngela Bonadies y Juan José Olavarría hablan sobre la Torre de David; Costanza de Rogatis y María Elena Ramos escriben sobre la exposición Collages, de Luisa Richter; y Tomás Rodríguez presenta un texto sobre la muestra fotográfica Las plañideras, de Antonio Briceño.

La Caracas lúdica del siglo XVIII

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EN CONTRASTE CON LA PERCEPCIÓN DE ARÍSTIDES ROJAS sobre Caracas y su mimetismo conventual, la investigación histórica ha permitido conocer un aspecto más mundano de esta ciudad en el siglo XVIII, caracterizado por la existencia de ciertas actividades lúdicas, efectuadas tanto en espacios públicos como en recintos privados, que nos acercan más a lo que habría sido su verdadera cotidianidad. 
    Así, las autoridades militares y religiosas proveían a la población de los principales ratos de esparcimiento, al hacer uso de calles y plazas para efectuar actos festivos ligados a monarcas terrenales o celestiales, engalanando la ciudad con tapices, cintas, tablados o arcos; esto implicaba un trajín animado de carpinteros, pintores y escultores abocados al ritual escenográfico. 
    Otro tipo de actividad de esparcimiento, realizada por unos pocos habitantes, fue el juego de pelota vasca, que implicó, por ejemplo, la colocación de barricadas en ciertas calles, obstruyendo el paso de peatones, o el deterioro de los techos de las casas vecinas con las pelotas. Estos hechos cuestionables, no obstante, no apaciguaron los ímpetus de unos jugadores que defendían la práctica del deporte bajo el supuesto de que los alejaba de ocupaciones menos virtuosas. 
    En el caso de las distracciones que requerían de edificaciones específicas para efectuarse, en Caracas destacaron sólo el Corral de comedias y el ruedo de toros de San Juan, construidos como volúmenes edificatorios de alturas equivalentes a dos pisos, y en los que la presencia de un elemento como la madera, y una lectura austera desde el punto de vista de sus detalles decorativos, fueron parte de sus características principales. 
    Actividades lúdicas como los billares y juegos de azar, prohibidas por todas las autoridades, ocuparon viviendas en cuyo interior funcionaban de forma subrepticia, al amparo de lo privado, como también lo hicieron los burdeles. Lo cierto es que todas estas prácticas, en su conjunto, reflejan parte del quehacer cotidiano de una época signada por las prohibiciones de todo tipo, pero también por las suspicacias y transgresiones de lo establecido, ya que algunos de los habitantes de la ciudad, a la par que disfrutaban de las festividades permitidas, no dudaban en dedicarse también a las vedadas, protegiéndose del entorno acusador ante la paz y el anonimato, de los recintos domésticos.

Los difusos límites entre proyectar edificios y firmar los planos durante los años 50

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(A propósito de la elaboración de algunas fichas para la Guía de Arquitectura. Caracas Metropolitana, del valle al mar)

NO SERÍA EXAGERADO CALIFICAR LA EXPERIENCIA de documentar y registrar correctamente los 500 centros urbanos, urbanizaciones, conjuntos o edificios que conformarán la Guía de Arquitectura. Caracas Metropolitana, del valle al mar, (1) como un enorme reto y un mayor compromiso. Este ejercicio conjuga la necesidad de entender su trascendencia, dada la ausencia de publicaciones de esta naturaleza que nos hagan visibles ante el mundo, con la responsabilidad de producir un instrumento didáctico, ameno y hermoso pero, a la vez, riguroso y fiable que le sirva a cualquier ciudadano para entender las circunstancias que rodean y la valía de lo que está observando. 
    Con ello en mente, del total de 20 edificios que tuvimos oportunidad de seleccionar y fichar, ligados casi todos a la preocupación permanente por valorar de manera muy particular la arquitectura caraqueña de los años 50 del siglo XX, nos encontramos con un grupo, ubicado en Las Mercedes y Colinas de Bello Monte, que nos permitieron emprender una pesquisa que empezó a develar los entretelones de un período caracterizado, como todos sabemos, por un crecimiento urbano desenfrenado y por la necesidad de construir un número tal de obras que sobrepasaba la capacidad profesional instalada para realizar los correspondientes proyectos de arquitectura. La coexistencia de edificios realizados en “estilo vasco” y otros de rasgos modernos (fundamentalmente en Las Mercedes), todos con nombres en euskera, nos obligaron a establecer matices y diferencias y a profundizar sobre quiénes pudieron ser los verdaderos realizadores de sus respectivos diseños para cotejarlos con los nombres que, según algunas fuentes, ostentan su autoría. 
    Así, la localización en los libros de la Ingeniería Municipal del Distrito Sucre (años 1949 y 1950) (2) de los permisos de construcción de los edificios Donosti (3) y Gastizar (4), ubicados en la Avenida Orinoco de Las Mercedes, junto con la consulta del archivo personal de Miguel Salvador Cordón, preservado por Infodoc en el piso 9 de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, nos permitieron descubrir un curioso error de lectura y transcripción que le dio la autoría de esos edificios a L. de Basaport. (5) 
    Miguel Salvador Cordón, verdadero diseñador de los edificios Donosti y Gastizar, vasco de nacimiento y proyectista arquitectónico de profesión, que llegó a Venezuela en 1939 como exiliado político de la Guerra Civil Española, nunca revalidó su título pero siempre estuvo ligado a la industria de la construcción. Salvador se involucró de manera muy particular en el desarrollo de las urbanizaciones El Rosal y Las Mercedes (realizadas por la empresa Edificaciones VICA), para las que diseñó un número considerable de quintas y edificios dentro de lo que él mismo denominó como “estilo arquitectónico vasco” (6). Actuando como propietario y ante la dificultad legal de aparecer como firmante de los planos de los mencionados inmuebles, Salvador recurrió al apoyo de Lorenzo de Basagoiti (ingeniero industrial), compañero de exilio y travesía desde Francia en el buque Cuba (7), quien sí había revalidado sus estudios; por ello aparece como ingeniero responsable de ambos proyectos. Se nota calramente que quienes consultaron los libros de la Ingeniería Municipal con anterioridad confundieron la caligrafía con que estaba escrito “Basagoiti” transcribiendo “Basaport”, y en vez del nombre “Lorenzo” colocaron una “L.”. Con el reconocimiento a Salvador Cordón se subsana un error arrastrado por años y se demuestra, como en muchos otros casos, que el firmante de los planos no necesariamente es el proyectista de los edificios. 
    Otro tanto ocurre con los casos de los edificios Amayur (8) y Ereaga (9), el primero ubicado en la calle La Cinta de Las Mercedes (parcela nº 57) y el segundo en la Avenida Miguel Ángel de Colinas Bello Monte (parcelas 501 y 502), atribuidos, al igual que el Mendi Eder (también en la Miguel Ángel), por la similitud entre ellos de ciertos rasgos, al arquitecto Félix Losada. (10) 
    El Amayur, de talante definitivamente moderno, construido por los también vascos Pedro Zabala, Adrián Zalútregui y José Ignacio Landa entre 1952 y 1953, quienes aparecen registrados como propietarios a través de la firma Zalútregui y Cia., es permisado bajo la responsabilidad del ingeniero Luis Balliache F. En este caso, el hecho de que haya sido uno de los propietarios del edificio (11) quien afirme que el proyecto de arquitectura lo realizó José Abásolo (delineante), nos despejó una importante incógnita y nos colocó ante una nueva interrogante que fue grato despejar al acercarnos al edificio Ereaga. 
    Con la certeza, basada en nuestra aproximación al Amayur, de que Abásolo también formaba parte del grupo de profesionales que llegaron a nuestro país y ejercieron como arquitectos sin contar con el título (12), acudimos a los planos de urbanismo y parcelamiento de la Urbanización Colinas de Bello Monte (13) para corroborar su ubicación y luego consultar en los libros de la Ingeniería Municipal del Distrito Sucre (año 1953), descubrimos que aparece como propietario del Ereaga “Abásolo, Lizarralde y Cia.”, y como ingeniero responsable Rafael A. Palma. La coincidencia de que Abásolo estuviera de nuevo en nuestro camino (ahora como propietario) y el hecho de que aún vive en el edificio una de sus hijas, junto con el aporte informativo del profesor Juan José Martín Frechilla, permitieron deducir que se trataba de otra obra del delineante vasco. Ahora bien, así como antes se presumía que el estilo que caracteriza al Mendi Eder, al repetirse en el Amayur y el Ereaga hacía suponer que Félix Losada los había proyectado a todos, ¿no cabe pensar que sea más bien Abásolo también el autor del más hermoso de los edificios de la avenida Miguel Ángel? (14) 
    Finalmente, dejando atrás el ámbito vasco, al dirigirnos a indagar acerca de la autoría del Excelsior, otra interesante obra ubicada entre las avenidas Caroní y Caura de Colinas de Bello Monte, constatamos que se le atribuye a Narciso Bárcenas “El Especialista” (15), profesional que dejó una estela de buenas realizaciones en los años 50 y la impronta de una manera peculiar de dinamizar las fachadas de correctos edificios multifamiliares compuestos de plantas de apartamentos iguales entre sí. Pues bien, aunque la sobriedad compositiva, fuerza volumétrica y racional comportamiento del Excelsior nos hacían dudar de que fuese otra realización del a veces caprichoso Bárcenas, una vez constatado el número de la parcela (la 220) y revisados una vez más los libros de la Ingeniería Municipal del Distrito Sucre (1955), encontramos dos datos interesantes: primero que el mismo día (01-03-55), aparece como ingeniero del edificio permisado para las parcelas 174 y 175 de la misma urbanización justamente “El Especialista”, lo cual aclaró la duda de si ya para la fecha este profesional firmaba los planos de las obras que proyectaba; y segundo, ¡oh sorpresa!, que el ingeniero del Excelsior, propiedad de José Sansón, es Ramiro Cárdenas y no Narciso Bárcenas. Ante el evidente error de lectura: o bien estamos en presencia de un autor desconocido a quien Cárdenas le firmó los planos, al cual habría que seguirle la pista dada la calidad del Excelsior, o bien con el propio Cárdenas se abre otro capítulo digno de ser develado. 
    Entre tanto, como se nos acabó el tiempo y no contamos en este último caso con familiares o conocidos vinculados a los propietarios o constructores del edificio que nos ayudaran a despejar la ecuación, optamos por otorgarle la autoría del Excelsior a Ramiro Cárdenas, corriendo el riesgo de que el “firmante” asuma (hasta nuevo aviso) el protagonismo de ser el “proyectista”, basados, como creemos haber demostrado, luego de la correspondiente labor detectivesca, en soportes documentales de peso. 
¿Elemental, mi querido Watson? 


Notas 
1 Proyecto que se enmarca dentro del programa de actuación establecido en el Protocolo General entre la Universidad Central de Venezuela y la Consejería de Obras Públicas y Vivienda de la Junta de Andalucía. 
2 Es importante señalar que una copia de estos libros reposa en el archivo de Infodoc BD, piso 9, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. 
3 Nombre con el que se conoce en euskera a la hermosa ciudad de San Sebastián, capital de la provincia de Guipúzcoa. 
4 Nombre que nos remite a la vieja torre de una casa solariega del pueblo de Ustáriz en el País Vasco, cuya veleta da pie a las reflexiones que acompañan el breve relato “El dragón de Gastizar” escrito por Pio Baroja en enero de 1918. 
5 Véase Instituto de Arquitectura Urbana, La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970, Arte, Caracas, 1983, pp. 28-31. 
6 Estilo que, además, buscaba adaptarse al clima tropical. Se diseñaban las plantas de edificios o quintas bajo criterios funcionales para luego resolver las fachadas recurriendo a variaciones basadas en la imagen del “caserio”, típica vivienda rural del País Vasco. Una misma planta podía así ofrecer múltiples variantes y adaptarse a situaciones diversas. 
7 Este dato es recogido de Ajuria, Perú y San Sebastián, Koldo, El exilio vasco en Venezuela, Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz, 1992, pp. 185-186 
8 Palabra cuya traducción significa “el fin” y que a su vez tiene un importante significado en la historia del reino de Navarra. 
9 Nombre que recuerda una hermosa playa de la localidad vizcaína de Getxo. 
10 Véase: http://fundamemoria.blogspot.com/search/label/Ed.%20Amayur y http://fundamemoria.blogspot.com/search/label/Ed.%20Ereaga 
11 Nos referimos a José Ignacio Landa, padre de la profesora Izaskun Landa. Izaskun vive en la actualidad en el edificio Amayur. Otro dato aportado por los Landa es que el Amayur fue ejecutado por la constructora El Concreto. 
12 Como dato adicional se sabe que dos de sus hijas estudiaron Arquitectura en la UCV. 
13 De los cuales existe una copia en el archivo de INFODOC BD, piso 9, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. 
14 Félix Losada aparece como arquitecto del Mendi Eder en la ya citada publicación La vivienda multifamiliar/Caracas 1940-1970, pp. 54-55. 
15 Véase http://fundamemoria.blogspot.com/search/label/Ed.%20Excelsior

Humpty Dumpty y el Manierismo

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EN LA REVISIÓN DE ESE INTERESANTE EJERCICIO crítico que durante cincuenta años desarrolló Arturo Uslar Pietri con su columna Pizarrón para el diario El Nacional, encontramos un artículo con el simpático título “Humpty Dumpty y la democracia”. 
    Con su agudeza y elocuencia tan características, Uslar se refería en esas líneas de principios de 1988 a la dificultad, inherente a la condición humana, de asignar significados únicos y totales a las palabras. Señalaba, que tanto para los términos más abstractos –belleza, bien, mal, entre otros– como para los aparentemente más concretos –azul, norte, ciudad, por ejemplo–, las posibilidades de disensión pueden ser enormes y, en el lenguaje político, decía, visiblemente más complicadas que en cualquier otra actividad. 
    De ahí que se sirviera de uno de los inquietantes personajes de Lewis Carroll en el cuento A través del Espejo, el ovoide Humpty Dumpty, para mostrarnos, como en la discusión que tiene lugar en uno de sus capítulos entre éste y Alicia, había quedado resuelto, de forma “sabia” y “definitiva,” cuando una palabra –democracia, introduce Uslar a sus fines– puede significar cosas diferentes: 
– “Cuando yo uso una palabra, dijo Humpty Dumpty, en un tono casi despectivo, yo digo exactamente lo que quiero decir, ni más ni menos. 
–El problema es, dijo Alicia, si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas muy diferentes. 
–El problema es, dijo Humpty Dumpty, quién es el que manda; eso es todo”. 
    Si de debatir problemas semánticos se trata, la historiografía de la Arquitectura, al igual que la política para Uslar, puede hacer gala de ello. Bastaría con mencionar aquí al Manierismo, vaga voz de viejas y cándidas raíces vasarianas que luego de transitar y sobrevivir a ciertos desplantes decimonónicos –incluidas las influyentes omisiones wölfflinianas– comienza a fraguar, finalmente sin carga peyorativa, al calor de los intereses de los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, sobre todo de los de tendencia expresionista. 
    Asimilar el Manierismo en Arquitectura ha sido tarea de décadas de discusión, iniciadas a partir de la célebre tesis doctoral sobre Giulio Romano que Ernst Gombrich realizara en la Universidad de Viena bajo la tutoría de Julius von Schlosser entre 1930 y 1932, a la luz, sin duda, de las expectativas creadas por aquellas afinidades espirituales tan distantes en el tiempo que creyeron ver en él algunos artífices de los autodenominados movimientos artísticos de ruptura que se sucedieron en esas décadas de incertidumbre política y económica. 
    La complejidad de sus razones históricas, la indefinición de sus fronteras cronológicas, el enorme y polimorfo universo experimental que tras una estética lindante a la ficción en muchos casos, se presenta en las obras de un nutrido grupo de arquitectos italianos del siglo XVI, así como la tentación de extrapolar semejante nombre ambiguo para tantas ambigüedades vistas en la historia de la Arquitectura, nos hacen pensar que, paragonando el preciso ejercicio retórico uslariano y muy claras las licencias comparativas, bien cabría decir, como Humpty Dumpty, que el Manierismo es lo que los críticos quieran decir… “el problema es quien manda; eso es todo”.