lunes, 7 de noviembre de 2011

Las granjas verticales: dibujos de un escenario de subsistencia

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LA INVASIÓN DE ÁREAS ECOLÓGICAMENTE FRÁGILES, la necesidad de asegurar el acceso a la tierra fértil y a la seguridad alimentaria y las tendencias climáticamente inteligentes, han llevado a generar ideas y proyectos “verdes” en algunas ciudades. Se han promovido nuevos espacios para el cultivo, como los techos y patios traseros de las edificaciones, y se propagan ideas sobre la agricultura en vertical. Precisamente en Inglaterra y Estados Unidos, a través de los programas que fomentan el desarrollo sostenible, se investiga sobre la viabilidad ambiental y económica de esta última modalidad: edificios abastecidos con energía solar, donde el residuo se reutiliza y recicla para cerrar el ciclo de una gestión sostenible y ecológica.
    Si imagináramos el contexto de una ciudad que excedió su capacidad de carga y que no tiene terrenos cercanos para la producción agrícola, sería justo y responsable preocuparse por tener proyectos que integren un modelo sostenible de consumo y producción, con adaptación e innovación de tecnologías para la seguridad alimentaria y nutricional, y que, a la vez, presenten ideas de mejoramiento del paisaje urbano. Pensar en la factibilidad de la técnica de las granjas verticales o en lo socialmente deseable para un determinado lugar no es el problema. La dificultad está en comprender las necesidades reales del conjunto, las relaciones del sistema, ciudad, periferia y campo. Pensar que la solución son grandes estructuras verticales con capacidad para cultivar una variedad de productos del campo no nos convence.
    Moldear las necesidades nutricionales de una ciudad es complejo, los grandes asentamientos humanos no son puntos fáciles de alimentar, nos hemos expandido y en consecuencia el paisaje natural se deteriora ambientalmente. Dentro de unos 40 o 50 años habrá mayor concentración de la población en las ciudades y necesitaremos el triple de la cantidad de carnes, vegetales y lácteos. Si nos vamos a centrar en el alimento como punto de subsistencia, no creemos que la solución sea el rascacielos verde comestible, pero sí apostamos por una red de “granjas” verticales u horizontales de pequeña escala, conectadas con otras tipologías de infraestructuras como los mercados con cultivos locales. Sumándole, además, un porcentaje bien repartido de techos verdes con espacios municipales para invernaderos, donde también se concentre la enseñanza sobre la agricultura urbana.
    Tenemos la necesidad de conectarnos nuevamente con la naturaleza y aprender de sus modelos para fomentar ciudades productivas. Recordemos algunas utopías o conocimientos antiguos, como la “Ciudad jardín” de Howard o los principios de diseño de hábitats aptos para la vida, que se promovieron a finales de los años setenta, para abrir la discusión; volvamos sobre la “Permacultura” como teoría de sostenimiento o simplemente entendamos lo que promovió Fukuoka en el año 75 en su trabajo “Revolución de una brizna de paja”; regresemos al campo, a cultivarlo sin labrarlo y promovamos la agricultura natural.
    Conceptualizando un escenario, podemos deducir que un modelo visto aisladamente de la totalidad no es una cosa real; si queremos imaginar cualquier sistema de agricultura permanente, sea en granjas verticales, techos verdes o en tu patio trasero, sería válido sólo si consideramos las complejidades físicas, sociales y culturales de cada sistema. Los cambios de actitud también son importantes, recordemos que la sostenibilidad de las buenas prácticas, tanto en el urbanismo como en la agricultura, va a depender del establecimiento de límites en nuestras formas de consumir y producir.

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