miércoles, 15 de febrero de 2012

La galería de Puerto Blohm en Angostura: noticia de un duelo

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SANTO TOMÉ DE LA NUEVA GUAYANA en la angostura del Orinoco fue el nombre que en 1764 dio el teniente coronel Joaquín Moreno de Mendoza a la ciudad trasladada, aguas arriba, hasta donde el río padre se hace más estrecho; ciudad originalmente establecida en la desembocadura del río Caroní en el Orinoco, por el conquistador Antonio de Berrío en 1595, y a la que desde 1846 el Congreso Nacional cambió el nombre por el de Ciudad Bolívar. 
    Emplazada a fuerza de pólvora, barrenos y palancas de hierro sobre un afloramiento de rocas ígneas, por traza y empeño del gobernador progresista Capitán de Artillería Manuel Centurión, durante la década de su gobierno, desde 1766, la ciudad adquirió su forma a orillas del sempiterno río. 
   Casi setenta y cinco años más tarde, una ordenanza del entonces gobernador, Capitán de Fragata José Tomás Machado, renovó el frente fluvial de la ciudad, adaptando corredores cubiertos ante las ya establecidas edificaciones de las casas comerciales, por lo que se creó uno de los conjuntos de espacios públicos más significativos del país: las galerías del paseo Orinoco. 
    Esa fachada al río era un visible testimonio de cómo la ciudad continuaba haciéndose desde las sucesivas gestiones de sus gobernadores y por el buen hacer de anónimos alarifes: “Al analizar el hecho arquitectónico de Ciudad Bolívar como una secuencia constructiva en el tiempo, desde su nacimiento hasta etapas posteriores de su desarrollo, se reconoce una actividad colectiva que ha estructurado una imagen urbana a partir del sucesivo crecimiento sobre sí misma. Así, sobre las ruinas de los inmuebles construidos durante el periodo de Independencia, surgió la arquitectura republicana reinterpretando la forma constructiva de muros portantes de mampostería mixta con techos de estructura de madera (salto de rata), baldosas de arcillas y cubierta de tejas criolla. Esta tecnología, que mantenía su vigencia, se enriqueció en el siglo XIX con la incorporación de un avanzado conocimiento científico”. [1]
    Luego de citar la primera descripción conocida sobre esas “galerías espaciosas, cómodas y elegantes” del otrora paseo de la Alameda, hecha por el “viajero universal” Francisco Michelena y Rojas,[2] quien llegó a Ciudad Bolívar en 1957, el profesor Graziano Gasparini acota: “Dichas galerías, que constituyen una de las características más sobresalientes de la ciudad, proporcionan un aspecto de sabor antillano único en Venezuela. Las estructuras en hierro fundido, formadas por columnas corintias, toscanas o esbeltas columnillas estriadas, soportan un segundo piso que casi siempre fue un amplio balcón de estar, habitaciones íntimas muy ventiladas y sitios de descanso que controlaban la brisa con romanillas y persianas de los más variados diseños. Las estructuras metálicas, importadas de los Estados Unidos [y de Inglaterra y Alemania], fueron arrimadas a las fachadas de las más antiguas casas angostureñas, cambiando por completo el aspecto originario. Esta agradable solución de protección al peatón y al comercio se siguió en otras casas construidas posteriormente. La aparición de las galerías es posterior a 1850, cuando comenzó el periodo de bonanza derivado de la explotación del oro en el Yuruary primero y de las minas del Callao después”.[3]
   Una de ellas, conocida como la galería de Puerto Blohm, podía destacarse en el conjunto por dos razones: primero, por su ubicación y segundo, por sus características arquitectónicas. 
    Teniendo en cuenta que el Centro Histórico de Ciudad Bolívar se extiende frente al río aproximadamente 2,5 Km, de los cuales 1,5 km están incluidos dentro del polígono de protección;[4] cabe destacar que en esa franja protegida al norte, en una extensión de siete manzanas (poco más de 700 m), se ubican propiamente las galerías del paseo. La galería de Puerto Blohm marcaba el extremo occidental de la fachada histórica. Se encontraba relativamente próxima al sitio que era conocido como La laja de la zapoara, recordado por ser el lugar donde se congregaban los pescadores en agosto, donde cumplían su faena diaria las lavanderas y por donde llegaba la chalana que unía a la ciudad con el resto del país antes de erigir el puente Angostura, en 1967. 
    Era una edificación que alcanzó a durar 187 años y marcaba la importancia que el comercio fluvial llegó a tener para la ciudad: “Para el año 1824, la edificación que hoy conocemos como “Puerto Blohm”, se encontraba en construcción, siendo su propietario Vicente Alfaro, quien en 1849, la vende a Pablo María Pulido, y este a su vez, a la familia Machado, quienes finalmente la dan en venta en 1850 a Wupperman y Cía. Una vez concluida, se instala en ella la firma Blohm y compañía, sucesores de Wupperman y Cía, dando inicio a una tradición marcada por la bonanza del comercio a través del Orinoco”.[5]
    La arquitecta especializada en restauración Mildred Egui Boccardo explica que Wupperman y Cía. era la razón social de una casa comercial establecida en Angostura por Adolfo Henrique Wappaus, Adolfo Wupperman, George Blohm y C. A. Gellert, en 1843.[6]
    Tipológicamente, las casas de galerías en el Paseo Orinoco presentaban dos plantas: una a nivel de la calle, destinada a la actividad comercial y una por encima de aquella, destinada a alojar la vida doméstica. Dado el relieve abrupto y rocoso que caracteriza a la ciudad, por lo general se observaba una diferencia de área entre ambas plantas; siendo la superior mayor que la inferior. La casa de la galería de Puerto Blohm también era una edificación de dos plantas, mas se distinguía por la escala y relaciones de sus estancias, las cuales parecían estar primordialmente dispuestas para alojar la actividad comercial en la totalidad de sus dos pisos, comunicados por un notable atrio central, iluminado cenitalmente. Como casi todas, estaba constituida por muros soportantes de mampostería de rocas, ladrillos, ripios y mezcla de barro; enlucidos y encalados o pintados; techada con cubiertas horizontales armadas con pares y correas de madera, y losetas de panelas de arcilla y torta de barro. 
    En términos muy generales, la galería de Puerto Blohm se correspondía con las características típicas observadas en todas las galerías del paseo construidas en el siglo XIX. Estaba conformada por dos estancias en diferentes niveles: abajo, la de corredor público a la calle y arriba, la de terraza cubierta con vista al río, modulada por la fachada en tres zonas, guardando simetría. Su tectónica se correspondía con la de las edificaciones tradicionales en las Antillas y el Caribe, esto es: un entramado, predominantemente realizado en madera, que creaba una serie de estancias que mediaban entre el interior y el exterior, protegiendo al primero de las fuerzas de la intemperie, otorgando gratas sombras y ventilación. La formalización de su fachada evidenciaba el clásico principio de composición tripartita en la mayoría de sus componentes, asumidos siempre de manera ecléctica. Las columnas eran de hierro colado, en ambas plantas; las de abajo, con ornamentación y proporciones que recordaban al orden toscano y las de arriba, notablemente esbeltas y estriadas, recordaban un orden corintio. El entrepiso era un entablado sobre pares y soleras de madera, mientras que la cubierta presentaba las mismas características anteriormente descritas. 
    De su fachada, llamaba especialmente la atención lo que podría describirse como “sobriedad” de su composición, expresado en lo que nos atrevimos a clasificar como “apariencia neo-clásica”. En el nivel de la terraza cubierta se distinguían dos tipos de cerramientos en los intercolumnios: uno que sugería una variación de la composición de una ventana conocida como serliana, palladiana o veneciana, y el otro que podría describirse genéricamente como renacentista. De carpintería de madera y vidrio, aquella estaba compuesta predominantemente por paños basculantes de romanillas, con un tímpano de vidrio incrustado en un arco de medio punto, situado en la parte media superior; mientras que la otra estaba compuesta por travesaños y maineles de madera, ordenando una retícula de paños de vidrio enmarcado en madera y romanillas, unos fijos, otros deslizables. Salvo la orla (una tabla con la que se cubrían las puntas de los pares en el alero del techo), la ornamentación estaba realizada con el predominio de líneas rectas. Toda la carpintería del ventanaje se apoyaba en un antepecho de albañilería de ladrillo, enlucido, modulado por tres nichos que reforzaban visualmente la composición. 
    Tuve la dicha de colaborar en el levantamiento y diagnóstico de la galería de Puerto Blohm. 
    Recuerdo las mañanas que pasé solo, en su terraza cubierta, dibujando, midiendo, imaginando la vida que creó esa inolvidable estancia y que persistía en el crujir de sus elementos. En ese lugar supe del río en el que nos vamos, de sus sombras, de las telarañas que reflejan nuestros recuerdos hechos de polvo; supe del perdón de la madera y la inefable transparencia de un vidrio antiguo, por el que nos distorsionamos al convertirnos en el paisaje por el que una vez intentamos ser. 
  En la galería de Puerto Blohm supe, un día, que fui feliz porque estaba donde quería estar, acompañándonos en la impronunciable fe de un amor que sólo comprendimos cuando el ocaso penetró entre las llagas de las piedras.
    Hoy, de esa soberbia edificación sólo quedan sus ruinas. El inaudible testimonio de un crimen contra nuestra memoria. Un crimen que no sabe nombrarse. Un duelo que a nadie convoca. 
    Otras paredes habrán de erigirse sobre ese antiguo suelo. Paredes que serán reales, impávidas, concretas. Infelizmente concretas sobre la muda oscuridad en que, parece, nos vamos convirtiendo. 

Índice de ilustraciones: 
01_Ciudad Bolívar en la angostura[7]
02_Ciudad Bolívar desde la piedra del medio[8]
03_Galerías del paseo[9]
04_Galería Puerto Blohm_c1892[10]
05_Galería Puerto Blohm_planta[11]
06_Galería Puerto Blohm_sección[12]
07_Galería Puerto Blohm_corte galería[13]
08_ Galería Puerto Blohm_detalle fachada[14]
09_ Galería Puerto Blohm_ruina[15]


Notas
[1] Instituto del Patrimonio Cultural, 2003. Bolívar 1, Ciudad Bolívar en la angostura del Orinoco. (Serie Inventarios. Cuadernos del Patrimonio Cultural, 6). Caracas: Instituto del Patrimonio Cultural en cooperación con la Gobernación del estado Bolívar; pp. 43-44 [2] Autor de Exploración oficial…, una reseña de los viajes fluviales que ese político y diplomático, oriundo de Maracay, hizo por América del sur. [3] Gasparini, Graziano (1983) La ciudad de Bolívar, en: revista bimestral de cultura Armitano Arte, Nº 4. Caracas: Editorial Armitano; pp.67-68. [4] Declarado Monumento Histórico Nacional, según Gaceta Oficial Nº 34.634 del 14 de Enero de 1991. El frente protegido del Centro Histórico abarca desde la calle El Pilar, al oeste, hasta la calle Anzoátegui, al noreste. [5] Oficina Técnica del Centro Histórico de Ciudad Bolívar (1995) Cultura y patrimonio en Ciudad Bolívar. Realidades de una gestión. 1990-1995. Ciudad Bolívar: Gobernación del Estado Bolívar en convenio con Fundarte/Alcaldía de Caracas; p. 98 [6] Egui Boccardo, Mildred (1990) Estudio y propuesta de uso en la manzana “Puerto Blohm” en el Centro Histórico de Ciudad Bolívar. Memoria descriptiva. Ciudad Bolívar: CVG, Oficina de Estudios Urbanos; (inédito). [7] Fotografía de Thea Segall. Tomada de: Rodríguez, Manuel Alfredo (1982) La Guayana del Libertador. Vizcaya: International Publishing Projects para CVG Ferrominera del Orinoco, p. 22 y 50. [8] Fotografía de Henry Corradini. Tomada de: Mata Gil, Milagros (1998) Navegaciones y regresos, en: Revista Bigott, Nº 45, año XVI, Abril, Mayo y Junio de 1998. Edición especial: Orinoco imaginario; Caracas: Fundación Bigott, p. 81 [9] Fotografía de Graziano Gasparini (1983) La ciudad de Bolívar, en: revista bimestral de cultura Armitano Arte, Nº 4. Caracas: Editorial Armitano; p.70. [10] Fotografía SddA. Puerto Blohm, Paseo Orinoco, Ciudad Bolívar; circa 1892. Tomado de: Pineda, Rafael (1984). Cien años de fotografía en el Orinoco-Guayana. Caracas: CVG-EDELCA [11] Dibujo de Arq. Mildred Egui Boccardo. Tomada de: Oficina Técnica del Centro Histórico de Ciudad Bolívar (1995) Cultura y patrimonio en Ciudad Bolívar. Realidades de una gestión. 1990-1995. Ciudad Bolívar: Gobernación del Estado Bolívar en convenio con Fundarte/Alcaldía de Caracas; p. 98 [12] Dibujo de Arq. Mildred Egui Boccardo. Ibídem. [13] Dibujo de Hernán Zamora. Archivo personal. [14] Dibujo de Hernán Zamora. Ibídem. [15] Fotografía de Hernán Zamora; Abril, 2011. Archivo personal.

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